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Luis Godofredo Pichardo
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martes, 10 de julio de 2018

La Columna de Luis Godofredo Pichardo


El complejo  isleño el  principal problema  que afecta  a la sociedad dominicana en las dos primeras décadas del siglo XXI El pueblo dominicano todavía está en una etapa de subdesarrollo, que aún no le permite hablar de una nación industrializada o desarrollada en su totalidad.
Pero el gentilicio dominicano, poseedor de una franja de terreno fértil de 48 mil kilómetros cuadrados, encerrado por costas marítimas que dan la vuelta a la media isla de la  Española,  y que es la que corresponde al nombre,  de República Dominicana,  en la que habitamos más de diez millones de ciudadanos isleños, confrontamos el problema ancestral de nuestros antepasados que se creían los mejores y los primeros a nivel territorial.
Emulando nuestra raza autóctona,  en la sociedad dominicana actual,  hay diversas  capas y clases sociales convertidos en  grupos de poder que se creen poseedores del universo y que son los mejores del planeta.
Composición Social Dominicana
 de la autoría del escritor vegano Juan Bosch
De esa concepción social se desprende que la sociedad dominicana está dividida en diversos grupos sociales y representativos, que nunca logran reconciliar sus intereses ni ponerse de acuerdo en nada, porque el individualismo lo controla todo y permea el derecho de los débiles.
Siendo las principales  clasificaciones, baja, intermedia y alta, a cada una se le aplica una función y desempeña un rol social preponderante, para cada grupo en particular.
 Se les conocen como clase baja (los pobres) clase media(los que sobreviven con recursos propios,  o sustentado en la producción profesional, o informal, y la clase alta (los ricos),  poseedores de todos los privilegios que le otorga la misma sociedad.
 Pero el conglomerado social dominicano  pasa a convertirse en cómplices de los ricos, sin proponérselo, apoyando sus iniciativas económicas, industriales, o fabriles.
Los de clases media, porque quisieran ser rico y no lo son. Y hay una sola fórmula que le permite mantenerse en la posición intermedia, apoyando a los de arriba, aunque se explote a los de abajo.
Complejo isleño. Todo aquel que ha estudiado un poco de historia sabe que los nativos isleños de cualquier parte del mundo se creen los mejores ciudadanos, los más privilegiados y todo lo que poseen.  es lo mejor que existe en el mundo.
Ya antes de Inglaterra que es un verdadero modelo de ciudadanos crédulos, en el principio del complejo isleño, donde cada ciudadano británico se considera a sí mismo un (caballero noble y respetable) existieron y existen centenares de islas o islotes donde siempre ocurre lo mismo. La primacía del habitante que vive encerrado o aislado por los mares que circundan sus territorios.
Los latinoamericanos nos gusta imitar, simular y copiar costumbres extranjeras. Esa práctica es extensiva a los que vivimos en territorios isleños de la zona de El Caribe, tanto a los ciudadanos de las de las Antillas Menores como a las Mayores.
Lo mismo ocurre con los territorios caribeños de Colombia, de Venezuela y la Guayana o Guyana francesa o esequiba. Es decir, es una costumbre de antaño que al parecer heredamos de nuestros antepasados indígenas y que aún hoy conservamos.
Los caribeños de San Andrés en Colombia, y los de la Isla Margarita, en Venezuela, son buenos ejemplos, aunque esos territorios son parte de la zona sur del continente.
Nosotros los isleños disfrutamos el privilegio de las mejores ciudades ambientales y forestales por nuestra ubicación.
Pero nuestra cultura que es antiquísima nos hace ver o creer que todo lo que se construye en el sector público o privado es lo mejor del mundo. Olvidamos que otras sociedades y gentilicios nos llevan milenios de ventaja en materia de desarrollo humano.
Así proclamamos en cualesquiera de nuestras islas que todo lo que dentro o construyamos es lo mejor de la región, de la zona o del territorio. Lo mismo un hospital, que un edificio público, una autopista, o u n aeropuerto, siempre vamos seguir creyendo todo lo que se nos dice, aunque no se investigue, y esta premisa nos obliga a cambiar el rumbo de pensar y creernos que somos los mejores ciudadanos del mundo, y que nuestras posesiones isleñas son el paraíso terrenal.
Reflexionando sobre el subdesarrollo de los habitantes de América Latina y El Caribe, pienso que  somos responsables de la nuestra  pobreza extrema, la que todavía tienen que soportar millones de ciudadanos y ciudadanas de nuestra región, porque nos anteponemos al progreso, por timidez, por desidia, y por el subdesarrollo mental.
Socialmente nos  apasiona que nos lo entreguen todo terminado. No gusta cooperar poco,  como ente comunitario, pero somos exigentes y  rabiosos cuando reclamamos nuestras conquistas reales o supuestas. ( PNS).

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